viernes 28 de enero de 2011
caballo herido
Lo atamos a la silla mientras dormía.
Latas de cerveza amontonadas en la mesa.
Mi hermano lo agarró del cuello con el brazo derecho.
El viejo se despertó, pero apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Cuando lo tuve bien sujeto, mi hermano se separó de él.
Resoplaba y gritaba como un caballo herido.
Ni siquiera sé si nos reconoció, ahí, delante suyo.
Apagamos la luz de la cocina, cogimos nuestras cosas y nos fuimos.
Una vez en la calle, las caras de la gente reflejaban algo que nunca antes habíamos percibido.
jueves 23 de diciembre de 2010
tapados con mantas
Tapados con mantas.
Hay alguna foto. Dónde estará.
Tapados con mantas pasábamos las noches de verano, hablando y mirando estrellas.
Los ruidos de la noche también eran nuestros entonces.
Y así, tapados hasta el cuello, esperábamos a que apareciera una estrella fugaz de la oscuridad.
Entonces una allí, por el norte, justo donde no la esperábamos.
Así que fijábamos la vista hacia el norte.
Pero luego una allá, al oeste.
Y así pasamos las noches de verano, en la terraza, felices, aun sabiendo que siempre estaríamos mirando al lugar equivocado.
miércoles 22 de diciembre de 2010
nada grave
Siempre me subía al coche con la sensación de que íbamos a tener un accidente.
No un accidente grave con muertos ni nada de eso, simplemente algo que se pudiera contar en las cenas de Navidad, o en una terraza con los amigos.
A ese tipo de accidente me refiero.
Mi padre apenas sabía conducir. Era un borracho, un perdedor.
Por eso yo siempre esperaba ese accidente, cualquier cosa, algo, nada grave, ya digo.
Pero el accidente nunca llegó.
Y yo siempre me bajaba del coche con la sensación de que lo único que sabía hacer mi padre era defraudarme.
pulpo inquieto
El otro día mi hijo se cayó por las escaleras.
Iba conmigo, cogido de la mano, y no sé cómo pudo caerse.
Fue algo tan rápido como absurdo.
Su pequeña mano se deslizó dentro de la mía como un pulpo inquieto.
Luego su cabeza golpeó la barandilla, el escalón, la pared y, finalmente, el suelo.
Lo vi todo con una gran claridad, a cámara lenta. Incluso imaginé que, una vez en el suelo, se levantaría, nos reiríamos del tropezón y luego iríamos a tomarnos un helado para celebrar que no había pasado nada.
Tantas cosas que podríamos haber hecho juntos.
miércoles 8 de diciembre de 2010
mi madre aplaude
Mis abuelos estaban en casa, y también mi hermana mayor, que aquel fin de semana nos había hecho una visita.
Mi padre se encaramó a la estantería y sacó la caja con las cintas.
Habría unas cincuenta, todas fechadas.
Empezó por la más antigua.
En la imagen, un parque, un tobogán, mi madre juega con mi hermana y protege en todo momento su diminuto cuerpo durante el descenso.
Luego ríen y mi madre aplaude y besa a mi hermana.
Ya entonces, nadie parecía echarme de menos.
lunes 29 de noviembre de 2010
saco de arena
Por las tardes lo podías escuchar, atizándole al saco.
Un día me dijo si quería probar.
Yo tendría unos diez años.
Golpeé ese saco sin demasiado entusiasmo.
Él me recomendó que pensara en alguien que me cayera mal.
Me vino a la cabeza uno de clase, y mis golpes fueron entonces más creíbles.
Al cabo de un tiempo, el de mi clase se mató con sus padres en el coche.
Nunca pensé que yo tuviese algo que ver, pero se me fueron quitando las ganas de darle golpes a nada.
martes 31 de agosto de 2010
objetos escondidos en cajones
No podríamos decir exactamente cuándo se inició este proceso pero lo cierto es que ellos, que tanto habían significado para nosotros hasta entonces, que tanto habían luchado para ganarse nuestra confianza y cariño, ahora ya no nos transmitían ninguna seguridad.
Y tampoco seríamos justos al acusarles de algo en concreto.
Simplemente llegó ese día en el que, puede que por culpa de algún ademán, alguna respuesta no contestada, algunos objetos escondidos en cajones, o quizá por esquivar nuestra mirada al hablarnos, gesto que siempre nos prohibieron de pequeños, empezamos a desconfiar de nuestros padres.
martes 20 de julio de 2010
tanatorio
Un día imaginé quién de ellos vendría a mi entierro.
Puede que aquel. O aquella. También. Quizás.
Para salir de dudas, le pedí a mi hermana que les escribiera un mail comunicándoles mi muerte y el horario de visitas del tanatorio.
Al día siguiente, fui el primero en llegar.
Me senté en uno de los bancos.
Estuve esperando durante todo el día.
De vuelta a casa pensé que quizá fue el mal tiempo. Quizá la hora. Quizá yo.
insecto
La madre puede verlos desde su asiento de copiloto.
Marido al volante, niño en asiento trasero, maletas en maletero, primer día de vacaciones.
Y está a punto de decirle al marido que pare un momento el motor, que ha olvidado algo pero, por el contrario, no dice nada.
El coche empieza a moverse.
El marido silba la canción de la radio mientras el niño observa a un insecto que se ha posado en el respaldo de la madre, quien aprieta un puño y deja escapar la misma lágrima de siempre.
lunes 11 de enero de 2010
sombra frágil
domingo 4 de octubre de 2009
en las rocas
No sabíamos muy bien a qué rocas se refería pero todos le dijimos De acuerdo.
Sonó extraño, al unísono, ese De acuerdo.
Normalmente usábamos otro tipo de respuestas.
Vale, por ejemplo, o Muy bien.
Pero, aquella tarde, a nuestro padre le contestamos De acuerdo.
Durante todo el camino estuve preguntándome el por qué de esa respuesta, por qué precisamente ahora habíamos tenido que cambiar.
Quise correr y adelantarlos, separarme del grupo para alcanzar a mi padre y caminar a su lado.
En cambio, como siempre, continué ahí, callado, perdido, último.
lunes 7 de septiembre de 2009
palpando las paredes
Para mí no suponía ningún problema dejarla ahí, en el armario, pero mi hermana concluyó que cuanto antes nos quitáramos ese peso de encima, mejor.
Estuvimos empaquetando ropa durante horas.
Me asombré de nuestra entereza mientras lo hacíamos.
En el pasillo íbamos dejando las bolsas.
Lentamente, impregnaron toda la casa con su olor.
Sin que mi hermana me viese, cerré los ojos y perseguí a mi padre, palpando las paredes.
En ese momento no pensé que estuviera haciendo ninguna tontería.
martes 1 de septiembre de 2009
oír algunas lágrimas
Sin motivo aparente, empezó a acariciarme el pelo.
Y así estuvo durante casi una hora, acariciándome lentamente el pelo.
Yo me dormía a ratos.
Mi hermano mayor estaba sentado a la mesa del comedor, haciendo los deberes, mientras mi madre me acariciaba lentamente.
De vez en cuando podía percibir cómo levantaba la vista de la libreta y nos miraba.
No pude ver la expresión de sus ojos, pero sí oír algunas lágrimas caer sobre el papel, difuminando, supuse, las sumas y las restas y su nombre.
domingo 5 de julio de 2009
último suspiro
El espejo de la habitación se convirtió en una ventana por donde entraban conocidos, desconocidos y familiares muertos.
Mi abuela pinzó una sábana encima del espejo para hacer desaparecer aquella ventana imaginaria.
Ahora, una sábana azulada caía por encima del espejo, inmóvil como un fantasma educado y respetuoso que no se atreviera a llamar la atención.
Y, detrás de la sábana, me imaginé a toda esa gente, conocidos, desconocidos y familiares muertos, esperando a que el último suspiro de mi abuelo les dejara entrar.
sábado 27 de junio de 2009
después de los cafés
Vine con mis padres y mi hermana, que acababa de nacer.
El camarero nos trajo la carta cuando cumplí diez.
Mi hermana de cinco años jugaba con nuestro hermano pequeño, de dos.
Conocí a mi mujer cuando nos sirvió el primero. Mi madre se encargó de traer una silla para ella.
Durante los postres, mi hermana, con mi hijo en sus rodillas, me dijo que se iba a casar con su novio de toda la vida.
Ahora, después de los cafés, iremos al entierro de mi padre.
lunes 11 de mayo de 2009
moscas, moscas
Nunca antes había pasado algo así. Al menos nunca antes se había parado en ese lugar, justo antes de entrar en el túnel.
Estuvo así unos quince minutos y luego reemprendió la marcha lentamente.
Entonces te asomaste por la ventana y pudiste ver todo aquello que nunca habías visto.
Las jeringuillas, las cucharas, papel de plata, las bolsas de basura llenas, los condones, una muñeca sin ojo y sin pierna, el mástil de una guitarra, un animal muerto, sangre, moscas, moscas.
Luego el tren aceleró la marcha.
Pero tú ya no volviste a ser el mismo.
miércoles 8 de abril de 2009
los hombres y los perros
Hubo una época en la que todo el mundo vivía muy feliz sin poder imaginar lo que estaba a punto de sucederles.
Un día, el rey dijo: nada de verbos.
Y entonces las señoras el pan, los niños en la calle, el rey vino, los gatos por los balcones y los tejados, los hombres y los perros.
jueves 19 de marzo de 2009
familia
lunes 16 de febrero de 2009
tras la cortina
lunes 2 de febrero de 2009
últimos bancos
Iba con mi madre y siempre nos sentábamos en los últimos bancos.
Desde aquel lugar privilegiado pude observar detalles de la vida que el día a día no me solía ofrecer.
Como aquella vez en que nuestro vecino le robó el monedero a su propia mujer, mientras rezaba arrodillada.
Miré de reojo a mi madre y comprobé que ella también lo había visto.
Luego fuimos a casa.
De camino alcanzamos a nuestro vecino y su mujer.
Él le pasaba el brazo por el hombro.
Ella le besaba la mano.
domingo 1 de febrero de 2009
ya muy tarde
jueves 1 de enero de 2009
restos de alpiste
miércoles 17 de diciembre de 2008
desconocido y ancestral
lunes 17 de noviembre de 2008
mientras doblabas la ropa
- ¿Qué?
- Había un hombre, mirándote, allí, mientras doblabas la ropa, mamá. ¿Quién era?
- No sé de qué me hablas, hija. Aquí sólo estamos tú y yo.
- Había, allí, mirándote, un hombre mientras doblabas la ropa, mamá.
- ¿Quieres hacer el favor de callarte? Allí no hay nadie. Haz los deberes.
- Te digo que allí había un hombre, mamá, mirándote mientras doblabas la ropa.
- ¿Ah, sí? ¿Y quién crees que podría ser?
- No lo sé, pero allí estaba, mirándote mientras doblabas la ropa, mamá.
lunes 20 de octubre de 2008
oscura y quieta
Me quedé allí quieto, con la esquina doblada, sin saber muy bien lo que hacer.
Al final me decidí y guardé la esquina doblada en el bolsillo de la camisa.
Luego volví a casa y vi un rato la tele.
En mi bolsillo seguía la esquina doblada contigo dentro, quizás llorando.
Te imaginé oscura y quieta ante la esquina doblada.
Te imaginé perdida, al fin.
Y no te negaré mi sonrisa interior.
Luego, mucho más tarde, ya de madrugada, cuando supuse que te habrías dormido, puse la camisa a lavar.
lunes 13 de octubre de 2008
destellos
Mis padres no estaban.
Dejé la mochila encima de la cama y fui al salón.
El sol entraba por la ventana e iluminaba la silla de madera.
Nunca había visto la silla iluminada de aquella manera. Por primera vez me fijé en su color.
Al cabo de un rato, el sol iluminó la mesita de cristal, las copas, las botellas.
Esos destellos eran algo maravilloso.
Todo se llenó de colores.
Luego el sol desapareció del salón y lo dejó todo tal y como yo lo conocía.
lunes 6 de octubre de 2008
galleta
Acepté, claro, primero porque era mi hijo y segundo porque a mí también me gustaba ese juego.
Empezó escondiéndose él.
Lo encontré enseguida, claro, primero porque dejó un rastro de la galleta que comía y segundo porque las cortinas eran transparentes.
Luego me escondí yo.
Estuvo buscándome mucho rato.
Minutos, horas, días, semanas.
Han pasado más de veinte años y sigo debajo de la cama, de donde no pienso salir, claro, primero porque me da pereza tener que dar explicaciones y segundo porque quién sabe si se acordará de mí.
martes 30 de septiembre de 2008
a tientas
No sabíamos de dónde salían, no teníamos alimentos en mal estado, todo estaba impecable.
Pero cada dos por tres los gusanos aparecían en la mesa de la cocina, entre los fogones, en el cajón de los cubiertos.
Usamos todo tipo de insecticidas, remedios naturales, nada, seguían apareciendo.
Cada vez que encendíamos la luz de la cocina, allí estaban.
Un día, después de mucho hablarlo, tomamos una decisión: no volver a encender la luz.
Ahora todo lo cocinamos a tientas.
Pero, eso sí, no hemos vuelto a ver ningún gusano.
miércoles 24 de septiembre de 2008
ojos de gato
martes 16 de septiembre de 2008
mañana
Por la mañana su mujer le recordó: acuérdate que hoy recoges tú al niño.
Él le dijo que no se preocupase, que se acordaría de recogerlo.
Pero llegó la tarde y el padre se olvidó de recoger al niño.
Cuando llegó a casa, su mujer le preguntó: ¿has recogido al niño?
El padre le dijo que se había olvidado.
Entonces su mujer le recriminó: ¿cómo se te puede olvidar una cosa así?
Y el padre le contestó que no se preocupase, que no venía de un día, que ya lo recogería mañana.
viernes 12 de septiembre de 2008
experto
Nos recibieron como si no nos esperasen. Cosas de idiotas, pensé.
Mi mujer le dio la botella a nuestro amigo quien miró la etiqueta frunciendo el ceño y la llevó a la mesa.
Me dieron ganas de darle una paliza, ahí mismo, delante de sus hijos.
Cuando su mujer trajo las carnes, nuestro amigo abrió la botella.
Nos sirvió con el patetismo de quien se cree un experto.
Estuve a punto de preguntarle el precio de esa botella.
Decidí seguir bebiendo.
jueves 11 de septiembre de 2008
nuestra amistad
No bebemos vino. No voy a llevar algo para que se lo beban los demás.
¡Pero es un acto de cortesía! Te están invitando a cenar, es lo mínimo.
Nunca entenderé por qué los invitados están obligados a llevar algo ¡Que les jodan a todos!
¡Eres insoportable! No nos cuesta nada llevar esa botella que trajo tu padre un día.
¿Sabes cuánto vale esa botella?
¡Me importa muy poco!
¡Esa botella vale más que nuestra amistad!
¡Es increíble! Eres horrible, tan horrible.
Lo sé.
miércoles 10 de septiembre de 2008
constante, trágica
Esto es maravilloso, dijo.
Y yo sabía que no se refería a la montaña de basura en la que estábamos sentados, ni a las ratas que se peleaban por un trozo del cordón de mi zapato, ni siquiera se estaba refiriendo a la enfermedad que corría por su sangre, tampoco a las escasas horas de vida que nos quedaban, ni mucho menos a la lluvia constante, trágica.
Mi amigo se refería a todo lo demás. Lo realmente importante.
Y no pude hacer otra cosa que darle la razón.
Sí, es maravilloso, dije.
martes 9 de septiembre de 2008
calle
¿Y esta calle?, preguntó uno.
Ni idea, es la primera vez, dijo el otro.
¿Qué hacemos?, siguió el primero.
No lo sé, contestó el otro.
Entonces uno se sentó en el bordillo y el otro lo imitó.
Así estuvieron varios días, mirándose sin saber qué hacer ni qué decir.
Al final, uno se puso en pie y empezó a caminar mientras el otro aún dormía.
Llegó al final de la calle y regresó a por el otro y lo despertó.
Venga, le dijo, ya sé dónde estamos.
lunes 8 de septiembre de 2008
cartucho
jueves 4 de septiembre de 2008
beso salado
Fuimos a un banco del parque y hablamos de nuestras cosas, de cuánto nos queríamos, de lo maravilloso que era todo, etc.
Luego empezó a llover y tuvimos que refugiarnos en una portería donde te subí la falda, te bajé las bragas, etc.
Cuando paró de llover nos fuimos cada uno a nuestra casa y nos despedimos con un beso salado, frío, etc.
Al día siguiente tus ojos ya no brillaron tanto, ni tus labios, ni tu pelo, ni el atardecer, etc.
martes 2 de septiembre de 2008
toallas al hombro
Mi madre comprobó el grifo y contestó sí.
Entonces la vecina le pidió si podía ir a ducharse, a lo que mi madre aceptó.
Luego fueron el resto de vecinos los que siguieron el mismo procedimiento.
Éramos los únicos con agua.
Así, durante días, mi casa se convirtió en un ir y venir de gente, toallas al hombro y neceseres entre manos.
Mi madre habilitó sillas y los vecinos esperaban su turno.
Cuando el problema del agua se solucionó, nunca más volví a ver a esa gente.
lunes 1 de septiembre de 2008
de cerca
Me parecía raro que todos tuviesen el mismo número, por eso supuse que en algún lugar debían de estar el dos, el tres, el cuatro.
Así me compré quilos y quilos de Lacasitos durante mi infancia, buscando nuevos números, buscando nuevas respuestas.
Una tarde, mi hermana se acercó uno a los ojos y leyó: La-ca-si-tos.
No me lo podía creer.
Había pasado tantos años pensando en una cosa que ahora resultaba ser otra.
Fue entonces cuando supe que la vida, de cerca, iba a ser muy diferente.
jueves 28 de agosto de 2008
oscuridad remota
martes 26 de agosto de 2008
espasmos
Había una pecera grande con pequeños peces de colores.
Los peces se movían sin rumbo fijo, guiados por espasmos, criaturas sin ayer.
El suelo estaba cubierto de piedras redondas y plantas verdes.
Y allí, encima de esas piedras, la proa de un barco hundido.
Siempre me pregunté por qué habría naufragado, a dónde se dirigía, quién viajaba en él.
Hoy, muchos años después, me he vuelto a parar delante de la tienda de animales.
He entrado y he preguntado el precio de la proa.
Tal como esperaba, no estaba en venta.
lunes 25 de agosto de 2008
palabras sueltas
Yo te contesté que no me importaba, claro.
Salí y cerré.
Me quedé allí, en el pasillo, apoyado en la puerta del lavabo, escuchándote.
Te oí teclear en el móvil y luego hablar y reír en voz baja.
No podía escuchar lo que decías, sólo algunas palabras sueltas: coche, domingo, hotel, cama, lengua, cuello, condones.
Todas esas palabras se filtraban por la madera y entraban en mi oído como avispas infernales.
Justo antes de colgar dijiste: te quiero.
Eso sí que lo pude escuchar bien.
jueves 21 de agosto de 2008
derrotados
miércoles 20 de agosto de 2008
así de fácil
Luego abrí la otra y salió una silla.
Después abrí las dos y se escuchó un ¡Oh!
Más tarde las cerré y te sentaste.
Al día siguiente abrí una mano y salí yo.
Luego abrí la otra y salió una silla.
Después abrí las dos y se escuchó un ¡Oh!
Más tarde las cerré y me senté a tu lado.
Años después abrí una mano y salió un niño.
Luego abrí la otra y salió una niña.
Después abrí las dos y se escuchó un ¡Oh!
Podría ser todo así de fácil siempre, pensé.
martes 19 de agosto de 2008
gracias a ella
Fue una tarde de invierno, porque estas cosas, decía, se tienen que hacer en invierno, para que el ambiente acompañe a la tristeza.
La cuestión es que recuerdo aquella tarde como algo alegre porque yo ya estaba harto de mi mujer y di gracias al cielo de que apareciera ese hombre más calvo, más gordo, más peludo y más feo que yo.
Ahora, gracias a ella, las tardes de invierno se han convertido en lo mejor de mi vida.
No como antes.
lunes 18 de agosto de 2008
azulejos
jueves 7 de agosto de 2008
otra chica
miércoles 6 de agosto de 2008
la lámpara encendida
martes 5 de agosto de 2008
reloj plateado
lunes 4 de agosto de 2008
se peinan y se van
viernes 1 de agosto de 2008
trastos
jueves 31 de julio de 2008
servilletas arrugadas
miércoles 30 de julio de 2008
circo
Allí había todo lo que podía esperar de un circo un niño de cinco años.
Elefantes, leones, tigres, chimpancés, payasos, trapecistas, bailarinas, el hombre bala.
Pero, sobre todo, allí hubo un mago vestido de negro.
Cogió a un niño de las primeras filas.
El niño reía.
La madre también.
El mago, no.
Lo metió en un ataúd puesto en pie.
El mago de negro dio unas cuantas vueltas alrededor de la caja de madera.
Más tarde abrió la puerta y el niño ya no estaba.
Nunca entendí por qué la gente aplaudió.
martes 29 de julio de 2008
culpable
¿Sí o no el qué?
Lo que acabo de decir.
Creo que no hablabas conmigo. De hecho, no estabas hablando con nadie porque no estábamos.
¿Qué quieres decir?
Quiero decir que antes de preguntarme sí o no, ni tú ni yo estábamos aquí. Así que has empezado a hablar y hemos aparecido.
¿Quieres decir que soy el culpable de que estemos aquí?
En cierta manera, sí. Aunque no te llamaría culpable, yo me siento bien.
Yo también. Pero sé que no va a durar mucho.
Sí, creo que sólo podemos decir cien palabras.
Es una pena.
Cierto.
lunes 28 de julio de 2008
foco de atención
viernes 25 de julio de 2008
palpando la oscuridad
Hacía rebotar una pelota en la pared de casa.
Así hasta que mi madre me llamaba a cenar.
Podía pasarme horas y ser el niño más feliz del mundo.
Una tarde la pelota hizo un extraño y desvió su trayectoria.
Fue rodando calle abajo y se metió en una alcantarilla.
Metí la mano para intentar recuperarla.
Palpando la oscuridad toqué lo que me pareció una cara.
Aquí los ojos, nariz, la boca después, dentro dientes.
Era una cara. Y me resultaba familiar.
Fui corriendo a decírselo a mi madre.
Pero nunca la encontré.
jueves 24 de julio de 2008
supones que tiene que ser así
Así de fácil.
Nadie me dijo nada, ni yo a ellos.
Nadie salió detrás mío preguntando dónde vas ni qué ha pasado ni cualquier otra cosa propia de una película.
Porque la vida no es una película.
En la vida abres la puerta, te vas de casa y nadie sale detrás tuyo.
Y tú esperas que alguien salga y te pregunte dónde vas o qué ha pasado, porque lo has visto en tantas películas que supones que tiene que ser así.
Pero no es así.
Aquí no hay por qué dar explicaciones.
miércoles 23 de julio de 2008
los cuadros
Estuvieron paseando por el salón y cambiaron los cuadros de sitio, este donde estaba aquel.
Luego fueron al lavabo y a la cocina.
Abrieron una lata de Coca-cola y la dejaron a medias.
Más tarde entraron en nuestra habitación mientras dormíamos.
Movieron la cama y la pusieron debajo de la ventana, justo ahí.
También movieron el armario y las mesitas y las zapatillas, las mías en su lado y las de mi mujer en el mío.
Y por último se llevaron a nuestros hijos.
Aún no sé por qué cambiaron los cuadros de sitio.
martes 22 de julio de 2008
corte normal
lunes 21 de julio de 2008
de madrugada
jueves 17 de julio de 2008
resina
a casa de mi abuela
a la que hacía demasiado que no veía
y comprobé
que cada día está mejor
aunque también pensé
que se hacía la fuerte
pero luego
me dije
que no tenía por qué
y estuvimos seis horas con ella
y se sentó donde se sentaba mi abuelo
aunque no exactamente en el mismo sitio
sino un poco a la izquierda
como dejándole espacio
y en la vitrina detrás de mi abuela
un nueve y un uno rojos
del último cumpleaños
como un insecto
atrapado en resina
que sabes que no volverá
a moverse.
miércoles 16 de julio de 2008
mientras abría las cartas
martes 15 de julio de 2008
como me aburría
Decidí sentarme un rato y, como me aburría, me puse a hablar con alguien.
Me puse a hablar con alguien y, como me aburría, me levanté y me fui.
Me levanté y me fui y, como me aburría, entré en un sex shop.
Entré en un sex shop y, como me aburría, me quedé dormido en una cabina.
Me quedé dormido en una cabina y, como me aburría, me desperté y me fui.
Me desperté y me fui y, como me aburría, estuve paseando por la calle.
lunes 14 de julio de 2008
abajo, en el patio
viernes 11 de julio de 2008
antes de acostarme
jueves 10 de julio de 2008
esa peca
Fuimos al parque y me dijiste: Nunca había visto este parque.
Aunque era el único parque del pueblo y veníamos cada tarde, te dije: Yo tampoco.
Seguimos caminando.
Arrastrabas los pies, dibujabas en la tierra.
Llegamos al lago y dijiste: No sabía que aquí había un lago.
Aunque íbamos allí cada tarde a darle de comer a los patos, te dije: Yo tampoco.
Nos sentamos en un banco, te quitaste las zapatillas y estiraste las piernas
Miré tus pies y dije: Nunca te había visto esa peca.
Y aunque sabías que era mentira, no me dijiste nada.
miércoles 9 de julio de 2008
todos los momentos
La mujer estaba en la otra acera, sentada en un banco, con las piernas cruzadas y un bolso en el regazo.
El hombre dio media vuelta y dobló la esquina.
Yo miraba a la mujer que tenía algo para mí y me imaginaba qué podría ser.
Quizá una carta en la que estuviera escrito mi futuro, quizá unas llaves que abriesen la puerta necesaria para seguir adelante, quizá la palabra exacta para todos los momentos.
Pero, ¿quién era ese hombre?
Y, ¿por qué a mí?
martes 8 de julio de 2008
donde no debía haber nadie
lunes 7 de julio de 2008
piel muerta y fría
viernes 4 de julio de 2008
la pintura de la pared
Ella había salido a comprarme la merienda.
Me distraje mirando la pintura de la pared, buscando figuras, números, nombres.
Entonces, y sin saber por qué, en mi mente apareció la palabra rata.
Al cabo de unos segundos, una rata enorme cruzó el comedor, entró en la cocina y desapareció en la oscuridad.
Pensé en decírselo a mi abuela pero supe que se asustaría.
No tanto por la intrusión de aquel roedor en casa sino por ese don mío de hacer aparecer las cosas a mi antojo.
jueves 3 de julio de 2008
también
miércoles 2 de julio de 2008
ni caso
Cuando yo te hable, te callas y me escuchas,
pero mi padre me había dicho
A la zorra de tu madre no le hagas caso,
cosa que también me habían dicho:
mis abuelos un día que fui a comer con ellos,
la vecina un día que me vio por la calle,
la peluquera cuando me cortaba el pelo,
la profesora en el patio,
el dentista mientras me reclinaba la silla y
el basurero, cada noche, gritando desde el camión.
Si sólo hubiera sido mi padre no sabría qué pensar.
Pero tanta gente no podía estar equivocada.
martes 1 de julio de 2008
no pude verlo
lunes 30 de junio de 2008
el lunes
jueves 26 de junio de 2008
jueves por la tarde
miércoles 25 de junio de 2008
fino rastro
Me hizo el gesto de silencio con el índice.
Abrió la puerta de mi habitación y salió.
Dejó un fino rastro de sangre en el suelo, como un animal herido desde hace años.
Oí cómo caminaba por el pasillo, crujía el parquet y las paredes y todo.
Luego un grito.
No era de mi madre, ni de mi hermana, ni mucho menos de mi padre y tampoco de aquel hombre que entró por la ventana mientras yo hacía los deberes.
O quizá sí.
Quizá gritaron todos a la vez.
martes 24 de junio de 2008
por la ventana
lunes 23 de junio de 2008
bandazos en el aire
Abrió la jaula de los conejos, metió la mano y cogió al más gordo.
El animal se revolvía como si las manos de mi abuelo fueran eléctricas.
Le ató las patas traseras con una cuerda y lo colgó de un clavo del techo.
El conejo siguió dando bandazos en el aire hasta que empezó a sangrar por la nariz, pequeña, gris y ahora roja, inmóvil.
Luego mi abuelo le arrancó la piel y la tiró al suelo ensangrentado.
El abrigo de un extraño bebé muerto en la guerra.
viernes 20 de junio de 2008
ramas bajas
Subía allí las tardes de verano y contemplaba el paisaje.
Un coche se acercó lentamente a un árbol solitario por un camino de tierra.
El conductor se bajó y colocó una caja en una de las ramas bajas y se fue.
Al cabo de un rato apareció otro coche en dirección al mismo árbol.
Un hombre se bajó y cogió la caja que había dejado el otro y se subió de nuevo al coche y se fue.
Luego bajé a casa de mi abuela.
Y no se lo dije a nadie.
jueves 19 de junio de 2008
la oscuridad de lo dulce
Yo estaba apoyado, viendo cómo caminaba por ese fino hielo.
Se había subido allí para recoger la pelota y ahora volvía triunfante.
Pero el fino hielo se quebró como el azúcar quemado de un postre.
Y mi hermana se hundió en la oscuridad de lo dulce.
Yo estaba apoyado, viendo cómo desaparecía entre cristales de azúcar.
Pensé qué estaría haciendo allí abajo.
Mi madre gritaba sin saber a quién y mi padre corría sin saber a dónde.
Entonces mi hermana apareció por una puerta, cantando, sonriendo y lamiéndose los dedos.
Uno a uno.
miércoles 18 de junio de 2008
el horno abierto
Fue una noche de julio, una noche de tormentas en el mar y ventanas abiertas.
El aire era tan caliente, como si Dios se hubiera dejado el horno abierto.
No me podía dormir y miraba el reflejo de la luna en el marco de la ventana.
Y entonces escuché a mi padre decirle eso a mi madre.
Al principio no sabía a qué niño se refería ya que mi padre nunca me había llamado así.
Al día siguiente supe que aquel niño era yo.
martes 17 de junio de 2008
piel de serpiente
Mi hermana y yo fuimos a por leña.
El aire olía a pinos y al cloro que se despegaba de nuestros cuerpos como una piel de serpiente.
Estuvimos caminando mientras cantábamos canciones que no existían.
Mi hermana se empezaba a cansar cuando divisó una montaña de madera preparada para nosotros.
Corrimos riendo hacia aquellos lápices gigantes.
Elegimos bien los trozos porque éramos buenos hijos.
Mi hermana iba delante mío con los brazos llenos de maderas.
Entonces un hombre salió de su casa con una escopeta y gritó: Le bois est à nous!

