Una tarde fui a visitar a mi abuela. Hora de la siesta.
viernes, 9 de agosto de 2019
antiguo ceramista
Una tarde fui a visitar a mi abuela. Hora de la siesta.
lunes, 29 de julio de 2019
extraño malabarismo
neblina
un gorrión
Casémonos, dijiste, y tu voz en aquel preciso momento brotó como una flor un lunes de junio, desenfocada pero segura de sí misma.
sábado, 14 de julio de 2012
barbacoa
La acababan de comprar.
Una especie de herencia rara.
Nunca supimos muy bien de dónde había salido ese dinero.
Era una casa con jardín.
Había un pino, majestuoso, que vigiló nuestros movimientos durante aquella barbacoa de domingo.
Después de comer, mi primo fue a su habitación y volvió sonriente con un boomerang.
Caminamos un poco más allá, para no molestar.
Mi primo lanzó con fuerza aquel cacharro, que se adentró en el azul del cielo.
Estuvimos esperando unos segundos.
Miré de reojo a mi primo, que ya no sonreía.
Aquello no volvió nunca más.
viernes, 28 de enero de 2011
caballo herido
Lo atamos a la silla mientras dormía.
Latas de cerveza amontonadas en la mesa.
Mi hermano lo agarró del cuello con el brazo derecho.
El viejo se despertó, pero apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Cuando lo tuve bien sujeto, mi hermano se separó de él.
Resoplaba y gritaba como un caballo herido.
Ni siquiera sé si nos reconoció, ahí, delante suyo.
Apagamos la luz de la cocina, cogimos nuestras cosas y nos fuimos.
Una vez en la calle, las caras de la gente reflejaban algo que nunca antes habíamos percibido.
jueves, 23 de diciembre de 2010
tapados con mantas
Tapados con mantas.
Hay alguna foto. Dónde estará.
Tapados con mantas pasábamos las noches de verano, hablando y mirando estrellas.
Los ruidos de la noche también eran nuestros entonces.
Y así, tapados hasta el cuello, esperábamos a que apareciera una estrella fugaz de la oscuridad.
Entonces una allí, por el norte, justo donde no la esperábamos.
Así que fijábamos la vista hacia el norte.
Pero luego una allá, al oeste.
Y así pasamos las noches de verano, en la terraza, felices, aun sabiendo que siempre estaríamos mirando al lugar equivocado.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
nada grave
Siempre me subía al coche con la sensación de que íbamos a tener un accidente.
No un accidente grave con muertos ni nada de eso, simplemente algo que se pudiera contar en las cenas de Navidad, o en una terraza con los amigos.
A ese tipo de accidente me refiero.
Mi padre apenas sabía conducir. Era un borracho, un perdedor.
Por eso yo siempre esperaba ese accidente, cualquier cosa, algo, nada grave, ya digo.
Pero el accidente nunca llegó.
Y yo siempre me bajaba del coche con la sensación de que lo único que sabía hacer mi padre era defraudarme.
pulpo inquieto
El otro día mi hijo se cayó por las escaleras.
Iba conmigo, cogido de la mano, y no sé cómo pudo caerse.
Fue algo tan rápido como absurdo.
Su pequeña mano se deslizó dentro de la mía como un pulpo inquieto.
Luego su cabeza golpeó la barandilla, el escalón, la pared y, finalmente, el suelo.
Lo vi todo con una gran claridad, a cámara lenta. Incluso imaginé que, una vez en el suelo, se levantaría, nos reiríamos del tropezón y luego iríamos a tomarnos un helado para celebrar que no había pasado nada.
Tantas cosas que podríamos haber hecho juntos.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
mi madre aplaude
Mis abuelos estaban en casa, y también mi hermana mayor, que aquel fin de semana nos había hecho una visita.
Mi padre se encaramó a la estantería y sacó la caja con las cintas.
Habría unas cincuenta, todas fechadas.
Empezó por la más antigua.
En la imagen, un parque, un tobogán, mi madre juega con mi hermana y protege en todo momento su diminuto cuerpo durante el descenso.
Luego ríen y mi madre aplaude y besa a mi hermana.
Ya entonces, nadie parecía echarme de menos.
lunes, 29 de noviembre de 2010
saco de arena
Por las tardes lo podías escuchar, atizándole al saco.
Un día me dijo si quería probar.
Yo tendría unos diez años.
Golpeé ese saco sin demasiado entusiasmo.
Él me recomendó que pensara en alguien que me cayera mal.
Me vino a la cabeza uno de clase, y mis golpes fueron entonces más creíbles.
Al cabo de un tiempo, el de mi clase se mató con sus padres en el coche.
Nunca pensé que yo tuviese algo que ver, pero se me fueron quitando las ganas de darle golpes a nada.
martes, 31 de agosto de 2010
objetos escondidos en cajones
No podríamos decir exactamente cuándo se inició este proceso pero lo cierto es que ellos, que tanto habían significado para nosotros hasta entonces, que tanto habían luchado para ganarse nuestra confianza y cariño, ahora ya no nos transmitían ninguna seguridad.
Y tampoco seríamos justos al acusarles de algo en concreto.
Simplemente llegó ese día en el que, puede que por culpa de algún ademán, alguna respuesta no contestada, algunos objetos escondidos en cajones, o quizá por esquivar nuestra mirada al hablarnos, gesto que siempre nos prohibieron de pequeños, empezamos a desconfiar de nuestros padres.
martes, 20 de julio de 2010
tanatorio
Un día imaginé quién de ellos vendría a mi entierro.
Puede que aquel. O aquella. También. Quizás.
Para salir de dudas, le pedí a mi hermana que les escribiera un mail comunicándoles mi muerte y el horario de visitas del tanatorio.
Al día siguiente, fui el primero en llegar.
Me senté en uno de los bancos.
Estuve esperando durante todo el día.
De vuelta a casa pensé que quizá fue el mal tiempo. Quizá la hora. Quizá yo.
insecto
La madre puede verlos desde su asiento de copiloto.
Marido al volante, niño en asiento trasero, maletas en maletero, primer día de vacaciones.
Y está a punto de decirle al marido que pare un momento el motor, que ha olvidado algo pero, por el contrario, no dice nada.
El coche empieza a moverse.
El marido silba la canción de la radio mientras el niño observa a un insecto que se ha posado en el respaldo de la madre, quien aprieta un puño y deja escapar la misma lágrima de siempre.
lunes, 11 de enero de 2010
sombra frágil
domingo, 4 de octubre de 2009
en las rocas
No sabíamos muy bien a qué rocas se refería pero todos le dijimos De acuerdo.
Sonó extraño, al unísono, ese De acuerdo.
Normalmente usábamos otro tipo de respuestas.
Vale, por ejemplo, o Muy bien.
Pero, aquella tarde, a nuestro padre le contestamos De acuerdo.
Durante todo el camino estuve preguntándome el por qué de esa respuesta, por qué precisamente ahora habíamos tenido que cambiar.
Quise correr y adelantarlos, separarme del grupo para alcanzar a mi padre y caminar a su lado.
En cambio, como siempre, continué ahí, callado, perdido, último.
lunes, 7 de septiembre de 2009
palpando las paredes
Para mí no suponía ningún problema dejarla ahí, en el armario, pero mi hermana concluyó que cuanto antes nos quitáramos ese peso de encima, mejor.
Estuvimos empaquetando ropa durante horas.
Me asombré de nuestra entereza mientras lo hacíamos.
En el pasillo íbamos dejando las bolsas.
Lentamente, impregnaron toda la casa con su olor.
Sin que mi hermana me viese, cerré los ojos y perseguí a mi padre, palpando las paredes.
En ese momento no pensé que estuviera haciendo ninguna tontería.
martes, 1 de septiembre de 2009
oír algunas lágrimas
Sin motivo aparente, empezó a acariciarme el pelo.
Y así estuvo durante casi una hora, acariciándome lentamente el pelo.
Yo me dormía a ratos.
Mi hermano mayor estaba sentado a la mesa del comedor, haciendo los deberes, mientras mi madre me acariciaba lentamente.
De vez en cuando podía percibir cómo levantaba la vista de la libreta y nos miraba.
No pude ver la expresión de sus ojos, pero sí oír algunas lágrimas caer sobre el papel, difuminando, supuse, las sumas y las restas y su nombre.
domingo, 5 de julio de 2009
último suspiro
El espejo de la habitación se convirtió en una ventana por donde entraban conocidos, desconocidos y familiares muertos.
Mi abuela pinzó una sábana encima del espejo para hacer desaparecer aquella ventana imaginaria.
Ahora, una sábana azulada caía por encima del espejo, inmóvil como un fantasma educado y respetuoso que no se atreviera a llamar la atención.
Y, detrás de la sábana, me imaginé a toda esa gente, conocidos, desconocidos y familiares muertos, esperando a que el último suspiro de mi abuelo les dejara entrar.
sábado, 27 de junio de 2009
después de los cafés
Vine con mis padres y mi hermana, que acababa de nacer.
El camarero nos trajo la carta cuando cumplí diez.
Mi hermana de cinco años jugaba con nuestro hermano pequeño, de dos.
Conocí a mi mujer cuando nos sirvió el primero. Mi madre se encargó de traer una silla para ella.
Durante los postres, mi hermana, con mi hijo en sus rodillas, me dijo que se iba a casar con su novio de toda la vida.
Ahora, después de los cafés, iremos al entierro de mi padre.
lunes, 11 de mayo de 2009
moscas, moscas
Nunca antes había pasado algo así. Al menos nunca antes se había parado en ese lugar, justo antes de entrar en el túnel.
Estuvo así unos quince minutos y luego reemprendió la marcha lentamente.
Entonces te asomaste por la ventana y pudiste ver todo aquello que nunca habías visto.
Las jeringuillas, las cucharas, papel de plata, las bolsas de basura llenas, los condones, una muñeca sin ojo y sin pierna, el mástil de una guitarra, un animal muerto, sangre, moscas, moscas.
Luego el tren aceleró la marcha.
Pero tú ya no volviste a ser el mismo.
miércoles, 8 de abril de 2009
los hombres y los perros
Hubo una época en la que todo el mundo vivía muy feliz sin poder imaginar lo que estaba a punto de sucederles.
Un día, el rey dijo: nada de verbos.
Y entonces las señoras el pan, los niños en la calle, el rey vino, los gatos por los balcones y los tejados, los hombres y los perros.
jueves, 19 de marzo de 2009
familia
lunes, 16 de febrero de 2009
tras la cortina
lunes, 2 de febrero de 2009
últimos bancos
Iba con mi madre y siempre nos sentábamos en los últimos bancos.
Desde aquel lugar privilegiado pude observar detalles de la vida que el día a día no me solía ofrecer.
Como aquella vez en que nuestro vecino le robó el monedero a su propia mujer, mientras rezaba arrodillada.
Miré de reojo a mi madre y comprobé que ella también lo había visto.
Luego fuimos a casa.
De camino alcanzamos a nuestro vecino y su mujer.
Él le pasaba el brazo por el hombro.
Ella le besaba la mano.
