lunes, 29 de julio de 2019

extraño malabarismo


Aquella tarde llevamos a nuestros hijos a la feria.
Había cuatro atracciones, pero ellos solo querían subirse en un destartalado tren de la bruja.
De dónde habría salido ese tren, esa vía.
Compré dos fichas.  
Mientras los niños se subían, un hombre se puso una careta de bruja y se encaramó al último vagón. Nadie pareció verlo.
En la mano, una pequeña escoba con la que hizo un extraño malabarismo.
La bruja me miró fijamente.
Mis hijos reían nerviosos en el primer vagón.
Hice el ademán de subirme para sacarlos de allí.
Pero entonces el tren se puso en marcha.


neblina


La cosa empezó a torcerse cuando mi padre compró la mosquitera.
Hasta aquel momento habíamos vivido todos esos años sin necesidad de ninguna mosquitera en la puerta de entrada. Incluso mi madre había llegado a decir que allí no se pondría nunca ninguna mosquitera, porque no hacía falta y, sobre todo, porque enturbiaría la vista del río y la montaña que tanto había contemplado la abuela.
Con el tiempo, la mosquitera fue llenándose de polvo y telarañas, y la nítida luz que siempre se había colado por aquella puerta se convirtió en una neblina cada día más apagada y sórdida.
    

un gorrión


Casémonos, dijiste, y tu voz en aquel preciso momento brotó como una flor un lunes de junio, desenfocada pero segura de sí misma.
Te respondí Cuándo, así te lo dije, sin pensar, solo eso y nada más, y justo en ese momento vi que tu cara se iluminaba, y nunca antes había entendido el significado de esa expresión.
Rizabas una mecha de tu pelo con el dedo y sonreías, no esperabas mi respuesta, y entonces un gorrión se posó en la silla donde estabas y, durante unos segundos, pareció contarte un secreto.
Nadie entonces podía llegar a imaginar mi felicidad.

sábado, 14 de julio de 2012

barbacoa

Fuimos a casa de mis tíos.
La acababan de comprar.
Una especie de herencia rara.
Nunca supimos muy bien de dónde había salido ese dinero.
Era una casa con jardín.
Había un pino, majestuoso, que vigiló nuestros movimientos durante aquella barbacoa de domingo.
Después de comer, mi primo fue a su habitación y volvió sonriente con un boomerang.
Caminamos un poco más allá, para no molestar.
Mi primo lanzó con fuerza aquel cacharro, que se adentró en el azul del cielo.
Estuvimos esperando unos segundos.
Miré de reojo a mi primo, que ya no sonreía.
Aquello no volvió nunca más.

viernes, 28 de enero de 2011

caballo herido

Le pedí a mi hermano que sujetara a mi padre.
Lo atamos a la silla mientras dormía.
Latas de cerveza amontonadas en la mesa.
Mi hermano lo agarró del cuello con el brazo derecho.
El viejo se despertó, pero apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Cuando lo tuve bien sujeto, mi hermano se separó de él.
Resoplaba y gritaba como un caballo herido.
Ni siquiera sé si nos reconoció, ahí, delante suyo.
Apagamos la luz de la cocina, cogimos nuestras cosas y nos fuimos.
Una vez en la calle, las caras de la gente reflejaban algo que nunca antes habíamos percibido.

jueves, 23 de diciembre de 2010

tapados con mantas

Pasábamos las noches de verano en la terraza, mirando estrellas.
Tapados con mantas.
Hay alguna foto. Dónde estará.
Tapados con mantas pasábamos las noches de verano, hablando y mirando estrellas.
Los ruidos de la noche también eran nuestros entonces.
Y así, tapados hasta el cuello, esperábamos a que apareciera una estrella fugaz de la oscuridad.
Entonces una allí, por el norte, justo donde no la esperábamos.
Así que fijábamos la vista hacia el norte.
Pero luego una allá, al oeste.
Y así pasamos las noches de verano, en la terraza, felices, aun sabiendo que siempre estaríamos mirando al lugar equivocado.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

nada grave

Siempre me subía al coche con la sensación de que íbamos a tener un accidente.

No un accidente grave con muertos ni nada de eso, simplemente algo que se pudiera contar en las cenas de Navidad, o en una terraza con los amigos.

A ese tipo de accidente me refiero.

Mi padre apenas sabía conducir. Era un borracho, un perdedor.

Por eso yo siempre esperaba ese accidente, cualquier cosa, algo, nada grave, ya digo.

Pero el accidente nunca llegó.

Y yo siempre me bajaba del coche con la sensación de que lo único que sabía hacer mi padre era defraudarme.

pulpo inquieto

El otro día mi hijo se cayó por las escaleras.

Iba conmigo, cogido de la mano, y no sé cómo pudo caerse.

Fue algo tan rápido como absurdo.

Su pequeña mano se deslizó dentro de la mía como un pulpo inquieto.

Luego su cabeza golpeó la barandilla, el escalón, la pared y, finalmente, el suelo.

Lo vi todo con una gran claridad, a cámara lenta. Incluso imaginé que, una vez en el suelo, se levantaría, nos reiríamos del tropezón y luego iríamos a tomarnos un helado para celebrar que no había pasado nada.

Tantas cosas que podríamos haber hecho juntos.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

mi madre aplaude

Un domingo por la tarde, mis padres decidieron revisar unas antiguas cintas de vídeo.
Mis abuelos estaban en casa, y también mi hermana mayor, que aquel fin de semana nos había hecho una visita.
Mi padre se encaramó a la estantería y sacó la caja con las cintas.
Habría unas cincuenta, todas fechadas.
Empezó por la más antigua.
En la imagen, un parque, un tobogán, mi madre juega con mi hermana y protege en todo momento su diminuto cuerpo durante el descenso.
Luego ríen y mi madre aplaude y besa a mi hermana.
Ya entonces, nadie parecía echarme de menos.

lunes, 29 de noviembre de 2010

saco de arena

El vecino colgó un saco de arena en su garaje.
Por las tardes lo podías escuchar, atizándole al saco.
Un día me dijo si quería probar.
Yo tendría unos diez años.
Golpeé ese saco sin demasiado entusiasmo.
Él me recomendó que pensara en alguien que me cayera mal.
Me vino a la cabeza uno de clase, y mis golpes fueron entonces más creíbles.
Al cabo de un tiempo, el de mi clase se mató con sus padres en el coche.
Nunca pensé que yo tuviese algo que ver, pero se me fueron quitando las ganas de darle golpes a nada.

martes, 31 de agosto de 2010

objetos escondidos en cajones

Empezamos a desconfiar de nuestros padres.
No podríamos decir exactamente cuándo se inició este proceso pero lo cierto es que ellos, que tanto habían significado para nosotros hasta entonces, que tanto habían luchado para ganarse nuestra confianza y cariño, ahora ya no nos transmitían ninguna seguridad.
Y tampoco seríamos justos al acusarles de algo en concreto.
Simplemente llegó ese día en el que, puede que por culpa de algún ademán, alguna respuesta no contestada, algunos objetos escondidos en cajones, o quizá por esquivar nuestra mirada al hablarnos, gesto que siempre nos prohibieron de pequeños, empezamos a desconfiar de nuestros padres.

martes, 20 de julio de 2010

tanatorio

Año tras año, día a día, fui descuidando a mis amigos. Y ellos, de alguna manera, también se fueron olvidando de mí.
Un día imaginé quién de ellos vendría a mi entierro.
Puede que aquel. O aquella. También. Quizás.
Para salir de dudas, le pedí a mi hermana que les escribiera un mail comunicándoles mi muerte y el horario de visitas del tanatorio.
Al día siguiente, fui el primero en llegar.
Me senté en uno de los bancos.
Estuve esperando durante todo el día.
De vuelta a casa pensé que quizá fue el mal tiempo. Quizá la hora. Quizá yo.

insecto

Los dedos del niño marcados en la ventana del comedor.
La madre puede verlos desde su asiento de copiloto.
Marido al volante, niño en asiento trasero, maletas en maletero, primer día de vacaciones.
Y está a punto de decirle al marido que pare un momento el motor, que ha olvidado algo pero, por el contrario, no dice nada.
El coche empieza a moverse.
El marido silba la canción de la radio mientras el niño observa a un insecto que se ha posado en el respaldo de la madre, quien aprieta un puño y deja escapar la misma lágrima de siempre.

lunes, 11 de enero de 2010

sombra frágil

Los perros empezaron a ladrar en plena madrugada. Así estuvieron un rato, una hora, quizá más. Entonces el hombre abrió la puerta de casa y se quedó de pie bajo el umbral, mirando hacia la oscuridad. La luz interior definía su silueta, que proyectaba una sombra frágil, extranjera. Sostenía una escopeta, o algo parecido. Los perros seguían ladrando en algún lugar de la madrugada. El hombre dio un paso al frente y disparó una vez al aire. Los ladridos cesaron. El hombre continuó de pie bajo el umbral durante unos minutos. Luego entró en la casa y cerró la puerta.

domingo, 4 de octubre de 2009

en las rocas

Mi padre nos dijo que nos esperaba en las rocas.
No sabíamos muy bien a qué rocas se refería pero todos le dijimos De acuerdo.
Sonó extraño, al unísono, ese De acuerdo.
Normalmente usábamos otro tipo de respuestas.
Vale, por ejemplo, o Muy bien.
Pero, aquella tarde, a nuestro padre le contestamos De acuerdo.
Durante todo el camino estuve preguntándome el por qué de esa respuesta, por qué precisamente ahora habíamos tenido que cambiar.
Quise correr y adelantarlos, separarme del grupo para alcanzar a mi padre y caminar a su lado.
En cambio, como siempre, continué ahí, callado, perdido, último.

lunes, 7 de septiembre de 2009

palpando las paredes

Después del accidente, mi hermana y yo fuimos a casa de mi padre para decidir qué hacíamos con la ropa.
Para mí no suponía ningún problema dejarla ahí, en el armario, pero mi hermana concluyó que cuanto antes nos quitáramos ese peso de encima, mejor.
Estuvimos empaquetando ropa durante horas.
Me asombré de nuestra entereza mientras lo hacíamos.
En el pasillo íbamos dejando las bolsas.
Lentamente, impregnaron toda la casa con su olor.
Sin que mi hermana me viese, cerré los ojos y perseguí a mi padre, palpando las paredes.
En ese momento no pensé que estuviera haciendo ninguna tontería.

martes, 1 de septiembre de 2009

oír algunas lágrimas

Una tarde de invierno estaba sentado en el sofá con mi madre al lado.
Sin motivo aparente, empezó a acariciarme el pelo.
Y así estuvo durante casi una hora, acariciándome lentamente el pelo.
Yo me dormía a ratos.
Mi hermano mayor estaba sentado a la mesa del comedor, haciendo los deberes, mientras mi madre me acariciaba lentamente.
De vez en cuando podía percibir cómo levantaba la vista de la libreta y nos miraba.
No pude ver la expresión de sus ojos, pero sí oír algunas lágrimas caer sobre el papel, difuminando, supuse, las sumas y las restas y su nombre.

domingo, 5 de julio de 2009

último suspiro

Los últimos días de vida, mi abuelo los pasó viendo a gente que no estaba ahí.
El espejo de la habitación se convirtió en una ventana por donde entraban conocidos, desconocidos y familiares muertos.
Mi abuela pinzó una sábana encima del espejo para hacer desaparecer aquella ventana imaginaria.
Ahora, una sábana azulada caía por encima del espejo, inmóvil como un fantasma educado y respetuoso que no se atreviera a llamar la atención.
Y, detrás de la sábana, me imaginé a toda esa gente, conocidos, desconocidos y familiares muertos, esperando a que el último suspiro de mi abuelo les dejara entrar.

sábado, 27 de junio de 2009

después de los cafés

Cuando nos sentamos a la mesa de este restaurante yo tenía cinco años.
Vine con mis padres y mi hermana, que acababa de nacer.
El camarero nos trajo la carta cuando cumplí diez.
Mi hermana de cinco años jugaba con nuestro hermano pequeño, de dos.
Conocí a mi mujer cuando nos sirvió el primero. Mi madre se encargó de traer una silla para ella.
Durante los postres, mi hermana, con mi hijo en sus rodillas, me dijo que se iba a casar con su novio de toda la vida.
Ahora, después de los cafés, iremos al entierro de mi padre.

lunes, 11 de mayo de 2009

moscas, moscas

El tren se detuvo.
Nunca antes había pasado algo así. Al menos nunca antes se había parado en ese lugar, justo antes de entrar en el túnel.
Estuvo así unos quince minutos y luego reemprendió la marcha lentamente.
Entonces te asomaste por la ventana y pudiste ver todo aquello que nunca habías visto.
Las jeringuillas, las cucharas, papel de plata, las bolsas de basura llenas, los condones, una muñeca sin ojo y sin pierna, el mástil de una guitarra, un animal muerto, sangre, moscas, moscas.
Luego el tren aceleró la marcha.
Pero tú ya no volviste a ser el mismo.

miércoles, 8 de abril de 2009

los hombres y los perros

Hubo una época en la que las señoras salían a comprar el pan, los niños jugaban en la calle, el rey bebía vino, los gatos caminaban por los balcones y los tejados, los hombres cantaban y saltaban y los perros ladraban y mordían.
Hubo una época en la que todo el mundo vivía muy feliz sin poder imaginar lo que estaba a punto de sucederles.
Un día, el rey dijo: nada de verbos.
Y entonces las señoras el pan, los niños en la calle, el rey vino, los gatos por los balcones y los tejados, los hombres y los perros.

jueves, 19 de marzo de 2009

familia

En una determinada época de mi vida tuve que tomar una serie de decisiones que no sé si afectaron a mi familia pero sí que me afectaron a mí ya que era yo el que las tuve que tomar y el resto de mi familia sólo esperó a que yo tomara esa serie de decisiones que ni siquiera supieron en qué momento justo sucedió simplemente las tomé un día y puede que sí les afectasen y eso no lo negaré porque negarlo sería de estúpidos y precisamente para que mi familia no me considerara estúpido tomé esa serie de decisiones.

lunes, 16 de febrero de 2009

tras la cortina

A estas alturas de la novela, el protagonista debería intentar besar a la protagonista o, si debido a su delicada timidez no se atreviera, al menos proponerle un paseo a caballo, por el valle, al atardecer, para, más tarde, invitarla a cenar a casa y contemplar desde el gran ventanal el cielo anaranjado de la tarde, árboles movidos por ráfagas de viento, el crujir de la madera bajo sus pies mientras se dirigen al gran sofá después de cenar, las montañas recortadas, como su escopeta tras la cortina, esperando el momento en el que ella echase la cabeza para atrás.

lunes, 2 de febrero de 2009

últimos bancos

Casi todos los domingos de mi infancia los recuerdo en misa.
Iba con mi madre y siempre nos sentábamos en los últimos bancos.
Desde aquel lugar privilegiado pude observar detalles de la vida que el día a día no me solía ofrecer.
Como aquella vez en que nuestro vecino le robó el monedero a su propia mujer, mientras rezaba arrodillada.
Miré de reojo a mi madre y comprobé que ella también lo había visto.
Luego fuimos a casa.
De camino alcanzamos a nuestro vecino y su mujer.
Él le pasaba el brazo por el hombro.
Ella le besaba la mano.

domingo, 1 de febrero de 2009

ya muy tarde

Un hombre abrió la verja de mi antiguo colegio.
Me preguntó que qué quería y le respondí que sólo quería dar una vuelta por el patio, que yo había ido a ese colegio de pequeño.
Me dijo que era ya muy tarde y no me podía dejar pasar, que viniera mañana.
Le dije que si me quería acompañar él, que sería un momento, que sólo quería ver si todo seguía igual.
Me respondió que no se podía mover de su puesto y añadió que seguramente todo seguía igual, que no me preocupase.
Cerró la verja de nuevo y me fui.

jueves, 1 de enero de 2009

restos de alpiste

Un día, cambiando el alpiste del periquito, dejé abierta la puerta de su jaula.
Abrí la puerta, cogí el comedero, fui a la cocina, tiré a la basura los restos de alpiste y llené con nuevo el recipiente. Al volver, me di cuenta de que me había dejado la puerta abierta.
Pero el periquito seguía allí.
Metí el comedero y, ya que no había salido durante ese rato, decidí dejársela abierta para ver qué hacía.
Estuve observándolo unos minutos, que se convirtieron en horas, días, meses, años.
Hoy el periquito ha muerto.
Dentro de su jaula.
Con la puerta abierta.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

desconocido y ancestral

Llegaron hace unos meses. Antes allí sólo había campo desnudo. Se empezaron a instalar poco a poco. Colocaron sus extrañas tiendas en la ladera del monte.
Quién era esa gente. Por dónde llegaron. Nadie lo supo.
Nunca bajaron al pueblo. Nunca nadie subió.
No pareció ser un asunto importante. Nadie sacó el tema en ninguna conversación. Llegué a pensar que eran imaginaciones mías.
Hoy contemplo la ladera, blanca. Flores de almendro caídas del cielo.
Y por las noches, donde antes sólo había oscuridad, ahora veo luces, que tiemblan, frágiles, a lo lejos, como velas a un santo desconocido y ancestral.

lunes, 17 de noviembre de 2008

mientras doblabas la ropa

- Había un hombre mirándote mientras doblabas la ropa, mamá.
- ¿Qué?
- Había un hombre, mirándote, allí, mientras doblabas la ropa, mamá. ¿Quién era?
- No sé de qué me hablas, hija. Aquí sólo estamos tú y yo.
- Había, allí, mirándote, un hombre mientras doblabas la ropa, mamá.
- ¿Quieres hacer el favor de callarte? Allí no hay nadie. Haz los deberes.
- Te digo que allí había un hombre, mamá, mirándote mientras doblabas la ropa.
- ¿Ah, sí? ¿Y quién crees que podría ser?
- No lo sé, pero allí estaba, mirándote mientras doblabas la ropa, mamá.

lunes, 20 de octubre de 2008

oscura y quieta

Doblé la esquina cuando vi que te acercabas por ahí.
Me quedé allí quieto, con la esquina doblada, sin saber muy bien lo que hacer.
Al final me decidí y guardé la esquina doblada en el bolsillo de la camisa.
Luego volví a casa y vi un rato la tele.
En mi bolsillo seguía la esquina doblada contigo dentro, quizás llorando.
Te imaginé oscura y quieta ante la esquina doblada.
Te imaginé perdida, al fin.
Y no te negaré mi sonrisa interior.
Luego, mucho más tarde, ya de madrugada, cuando supuse que te habrías dormido, puse la camisa a lavar.

lunes, 13 de octubre de 2008

destellos

Aquella tarde no tuvimos clase a última hora, así que llegué antes a casa.
Mis padres no estaban.
Dejé la mochila encima de la cama y fui al salón.
El sol entraba por la ventana e iluminaba la silla de madera.
Nunca había visto la silla iluminada de aquella manera. Por primera vez me fijé en su color.
Al cabo de un rato, el sol iluminó la mesita de cristal, las copas, las botellas.
Esos destellos eran algo maravilloso.
Todo se llenó de colores.
Luego el sol desapareció del salón y lo dejó todo tal y como yo lo conocía.

lunes, 6 de octubre de 2008

galleta

Mi hijo me pidió que jugase al escondite con él.
Acepté, claro, primero porque era mi hijo y segundo porque a mí también me gustaba ese juego.
Empezó escondiéndose él.
Lo encontré enseguida, claro, primero porque dejó un rastro de la galleta que comía y segundo porque las cortinas eran transparentes.
Luego me escondí yo.
Estuvo buscándome mucho rato.
Minutos, horas, días, semanas.
Han pasado más de veinte años y sigo debajo de la cama, de donde no pienso salir, claro, primero porque me da pereza tener que dar explicaciones y segundo porque quién sabe si se acordará de mí.

martes, 30 de septiembre de 2008

a tientas

Hubo una época en la que aparecieron gusanos en la cocina.
No sabíamos de dónde salían, no teníamos alimentos en mal estado, todo estaba impecable.
Pero cada dos por tres los gusanos aparecían en la mesa de la cocina, entre los fogones, en el cajón de los cubiertos.
Usamos todo tipo de insecticidas, remedios naturales, nada, seguían apareciendo.
Cada vez que encendíamos la luz de la cocina, allí estaban.
Un día, después de mucho hablarlo, tomamos una decisión: no volver a encender la luz.
Ahora todo lo cocinamos a tientas.
Pero, eso sí, no hemos vuelto a ver ningún gusano.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

ojos de gato

He venido a llevarte a casa, 
le dijo, 
a ver contigo esas cosas 
que siempre me cuentas, 
pasear contigo por la noche, 
le dijo, 
que me muestres los caminos que sigues, 
todo lo que ves camino a casa, 
le dijo, 
he venido para vivir contigo esas cosas, 
esas tonterías que siempre te cuento, que dices tú, 
le dijo, 
me gustaría que me llevaras por calles diferentes 
y que te sorprendieras conmigo de algo que nunca hubieras visto, 
le dijo, 
descubrir esquinas que te diesen miedo, 
sombras en la noche, 
ojos de gato observando nuestros besos, 
lentos y eternos, 
le dijo.

martes, 16 de septiembre de 2008

mañana

Le sucedió a un amigo de mi padre.
Por la mañana su mujer le recordó: acuérdate que hoy recoges tú al niño.
Él le dijo que no se preocupase, que se acordaría de recogerlo.
Pero llegó la tarde y el padre se olvidó de recoger al niño.
Cuando llegó a casa, su mujer le preguntó: ¿has recogido al niño?
El padre le dijo que se había olvidado.
Entonces su mujer le recriminó: ¿cómo se te puede olvidar una cosa así?
Y el padre le contestó que no se preocupase, que no venía de un día, que ya lo recogería mañana.

viernes, 12 de septiembre de 2008

experto

Al final mi mujer cogió la botella que había traído mi padre y fuimos a casa de nuestros amigos.
Nos recibieron como si no nos esperasen. Cosas de idiotas, pensé.
Mi mujer le dio la botella a nuestro amigo quien miró la etiqueta frunciendo el ceño y la llevó a la mesa.
Me dieron ganas de darle una paliza, ahí mismo, delante de sus hijos.
Cuando su mujer trajo las carnes, nuestro amigo abrió la botella.
Nos sirvió con el patetismo de quien se cree un experto.
Estuve a punto de preguntarle el precio de esa botella.
Decidí seguir bebiendo.

jueves, 11 de septiembre de 2008

nuestra amistad

Tendríamos que llevar algo a la cena, ¿no crees? Un vino, el postre, no sé, algo.
No bebemos vino. No voy a llevar algo para que se lo beban los demás.
¡Pero es un acto de cortesía! Te están invitando a cenar, es lo mínimo.
Nunca entenderé por qué los invitados están obligados a llevar algo ¡Que les jodan a todos!
¡Eres insoportable! No nos cuesta nada llevar esa botella que trajo tu padre un día.
¿Sabes cuánto vale esa botella?
¡Me importa muy poco!
¡Esa botella vale más que nuestra amistad!
¡Es increíble! Eres horrible, tan horrible.
Lo sé.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

constante, trágica

Al cabo de un rato, mi amigo habló.
Esto es maravilloso, dijo.
Y yo sabía que no se refería a la montaña de basura en la que estábamos sentados, ni a las ratas que se peleaban por un trozo del cordón de mi zapato, ni siquiera se estaba refiriendo a la enfermedad que corría por su sangre, tampoco a las escasas horas de vida que nos quedaban, ni mucho menos a la lluvia constante, trágica.
Mi amigo se refería a todo lo demás. Lo realmente importante.
Y no pude hacer otra cosa que darle la razón.
Sí, es maravilloso, dije.

martes, 9 de septiembre de 2008

calle

Giraron a la izquierda y entraron en una calle que nunca habían visto.
¿Y esta calle?, preguntó uno.
Ni idea, es la primera vez, dijo el otro.
¿Qué hacemos?, siguió el primero.
No lo sé, contestó el otro.
Entonces uno se sentó en el bordillo y el otro lo imitó.
Así estuvieron varios días, mirándose sin saber qué hacer ni qué decir.
Al final, uno se puso en pie y empezó a caminar mientras el otro aún dormía.
Llegó al final de la calle y regresó a por el otro y lo despertó.
Venga, le dijo, ya sé dónde estamos.

lunes, 8 de septiembre de 2008

cartucho

La escopeta de papá tenía un cartucho, mamá, un cartucho que disparé sin querer, mamá, no sabía que la escopeta estaba cargada, mamá, tampoco sé por qué la cogí del armario, mamá, perdóname, no sé por qué fui a la habitación de la abuela con la escopeta bajo el brazo, mamá, sólo quería asustarla, de broma, mamá, por qué dejó ese cartucho ahí dentro papá, mamá, perdóname, por qué me pasa todo a mí, mamá, yo la quería tanto, mamá, y ahora qué será de nosotros, qué será de mí, mamá, todo esto es el final, lo sabes, mamá, perdóname.

jueves, 4 de septiembre de 2008

beso salado

Tus ojos brillaron al verme, tus labios al sonreír, tu pelo ligero con la brisa, el atardecer, etc.
Fuimos a un banco del parque y hablamos de nuestras cosas, de cuánto nos queríamos, de lo maravilloso que era todo, etc.
Luego empezó a llover y tuvimos que refugiarnos en una portería donde te subí la falda, te bajé las bragas, etc.
Cuando paró de llover nos fuimos cada uno a nuestra casa y nos despedimos con un beso salado, frío, etc.
Al día siguiente tus ojos ya no brillaron tanto, ni tus labios, ni tu pelo, ni el atardecer, etc.

martes, 2 de septiembre de 2008

toallas al hombro

Todo empezó cuando la vecina le preguntó a mi madre si tenía agua.
Mi madre comprobó el grifo y contestó sí.
Entonces la vecina le pidió si podía ir a ducharse, a lo que mi madre aceptó.
Luego fueron el resto de vecinos los que siguieron el mismo procedimiento.
Éramos los únicos con agua.
Así, durante días, mi casa se convirtió en un ir y venir de gente, toallas al hombro y neceseres entre manos.
Mi madre habilitó sillas y los vecinos esperaban su turno.
Cuando el problema del agua se solucionó, nunca más volví a ver a esa gente.

lunes, 1 de septiembre de 2008

de cerca

De pequeño siempre había creído que los Lacasitos tenían el número uno dibujado.
Me parecía raro que todos tuviesen el mismo número, por eso supuse que en algún lugar debían de estar el dos, el tres, el cuatro.
Así me compré quilos y quilos de Lacasitos durante mi infancia, buscando nuevos números, buscando nuevas respuestas.
Una tarde, mi hermana se acercó uno a los ojos y leyó: La-ca-si-tos.
No me lo podía creer.
Había pasado tantos años pensando en una cosa que ahora resultaba ser otra.
Fue entonces cuando supe que la vida, de cerca, iba a ser muy diferente.

jueves, 28 de agosto de 2008

oscuridad remota

aquella paloma, 
hubo un tiempo en que sólo pensabas 
en aquella paloma, 
que surgió de la oscuridad, 
de la esfera blanquinegra sostenida por un niño, 
aquella paloma 
que quizá pensó en muerte, 
letargo 
y luego en salvación, 
gloria, 
hubo un tiempo en que sólo pensabas 
en aquella paloma, 
de aquel mundial nuestro, 
y sus plumas blancas todavía te vienen a la cabeza, 
estoy seguro,
cuando hablas de lo que te queda por hacer, 
aquella paloma, 
que salió de la nada, 
qué estaría pensando 
dentro de esa oscuridad remota, 
escuchando zumbido de gentes, 
intentando encontrar respuestas 
a preguntas no formuladas 
todavía.

martes, 26 de agosto de 2008

espasmos

Siempre me paraba delante de la tienda de animales.
Había una pecera grande con pequeños peces de colores.
Los peces se movían sin rumbo fijo, guiados por espasmos, criaturas sin ayer.
El suelo estaba cubierto de piedras redondas y plantas verdes.
Y allí, encima de esas piedras, la proa de un barco hundido.
Siempre me pregunté por qué habría naufragado, a dónde se dirigía, quién viajaba en él.
Hoy, muchos años después, me he vuelto a parar delante de la tienda de animales.
He entrado y he preguntado el precio de la proa.
Tal como esperaba, no estaba en venta.

lunes, 25 de agosto de 2008

palabras sueltas

Un día me preguntaste si no me importaba salir del lavabo porque ibas a orinar.
Yo te contesté que no me importaba, claro.
Salí y cerré.
Me quedé allí, en el pasillo, apoyado en la puerta del lavabo, escuchándote.
Te oí teclear en el móvil y luego hablar y reír en voz baja.
No podía escuchar lo que decías, sólo algunas palabras sueltas: coche, domingo, hotel, cama, lengua, cuello, condones.
Todas esas palabras se filtraban por la madera y entraban en mi oído como avispas infernales.
Justo antes de colgar dijiste: te quiero.
Eso sí que lo pude escuchar bien.

jueves, 21 de agosto de 2008

derrotados

Cada tarde íbamos paseando los amigos de siempre por los lugares de siempre.
Recorríamos siempre los mismos sitios, las mismas plazas, los mismos bares, las mismas tiendas.
Hablábamos siempre de las mismas cosas, los mismos con los mismos, siempre igual.
Llegué a pensar que eso era la felicidad.
Pero una tarde, unos cuantos dijeron que ellos se quedaban ahí, que siguiéramos nosotros.
Entonces seguimos caminando, ahora en silencio, algo extraño había pasado.
Miré las caras de los que quedaban y vi a hombres derrotados.
Pensé en la cara que tendrían todos los que se habían quedado ahí.
Y los odié.

miércoles, 20 de agosto de 2008

así de fácil

Abrí una mano y saliste tú.
Luego abrí la otra y salió una silla.
Después abrí las dos y se escuchó un ¡Oh!
Más tarde las cerré y te sentaste.
Al día siguiente abrí una mano y salí yo.
Luego abrí la otra y salió una silla.
Después abrí las dos y se escuchó un ¡Oh!
Más tarde las cerré y me senté a tu lado.
Años después abrí una mano y salió un niño.
Luego abrí la otra y salió una niña.
Después abrí las dos y se escuchó un ¡Oh!
Podría ser todo así de fácil siempre, pensé.

martes, 19 de agosto de 2008

gracias a ella

Mi mujer me abandonó por un hombre más calvo, más gordo, más peludo y más feo que yo.
Fue una tarde de invierno, porque estas cosas, decía, se tienen que hacer en invierno, para que el ambiente acompañe a la tristeza.
La cuestión es que recuerdo aquella tarde como algo alegre porque yo ya estaba harto de mi mujer y di gracias al cielo de que apareciera ese hombre más calvo, más gordo, más peludo y más feo que yo.
Ahora, gracias a ella, las tardes de invierno se han convertido en lo mejor de mi vida.
No como antes.

lunes, 18 de agosto de 2008

azulejos

Alguien dibujó una esvástica en el lavabo.
Estaba dibujada con rotulador rojo a la izquierda del espejo y, como un animal atropellado en la cuneta, era inevitable mirarla.
Sucedió de repente.
No sé por qué siempre había pensado que este tipo de cosas necesitaban un proceso, pero una mañana me levanté, fui al lavabo y allí estaba.
De un día para otro alguien había dibujado esa cosa ahí.
Aún recuerdo cómo parecía relucir, sangre brotando de los azulejos.
Cogí un trozo de papel higiénico, la borré y tiré el papel al váter.
En casa sólo vivíamos mi abuelo y yo.

jueves, 7 de agosto de 2008

otra chica

Estuvieron paseando por el parque.
Se sentaron en un banco, se miraron a los ojos y se cogieron las manos.
Pasaron los minutos y no dijeron nada.
Hasta que él dijo Espera, ahora vengo, y se fue.
Ella le siguió con la mirada.
Vio cómo se sentaba en otro banco al lado de otra chica, se miraban a los ojos, se cogían las manos, pasaban unos minutos y no decían nada.
Luego cómo se levantaba y volvía.
Se sentó de nuevo con ella, se miraron a los ojos y se cogieron las manos.
Pasaron los minutos y no dijeron nada.

miércoles, 6 de agosto de 2008

la lámpara encendida

Lo vi por la ventana.
En calzoncillos.
Nuestro vecino.
Una cuerda en la mano y una silla en la otra.
De aquí para allá en el salón.
Las doce del mediodía.
La lámpara encendida.
De aquí para allá, izquierda y derecha.
Miraba al suelo.
Se detuvo.
Colocó la silla, se subió, ató la cuerda a la lámpara y el otro extremo a su cuello.
Pero no dejó caer la silla.
Estuvo así mucho rato.
Al principio me había asustado, ahora me hacía gracia.
Llamé a toda mi familia y lo estuvimos mirando, riéndonos, esperando a que se decidiera.
Pero no.

martes, 5 de agosto de 2008

reloj plateado

Fui a buscar a mi padre a la residencia.
Todos los domingos comía con nosotros.
A mi mujer no le entusiasmaba la idea.
A mí tampoco, pero era mi padre.
Mientras lo esperaba en el patio, un anciano se me acercó y se detuvo delante mío.
Metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó un reloj plateado.
Me dijo que se paró el día en que murió su mujer.
No supe qué decirle y apoyé mi mano en su hombro.
Entonces el anciano levantó la vista, me miró y dijo Quítame las manos de encima o te mato.

lunes, 4 de agosto de 2008

se peinan y se van

Desde mi hotel veo la fachada de otro.
Por las noches apago la luz de mi habitación y espío a los vecinos de enfrente.
Espero descubrir situaciones extrañas, visiones fuera de lo común.
Pero lo único que veo son personas que se secan la cabeza con una toalla, que se tumban en la cama con el mando a distancia, que se miran al espejo, que abren y cierran el mini bar sin coger nada, que lloran, que hablan por teléfono, que se visten, se peinan y se van.
Personas como yo.
Es sólo entonces cuando pienso que algo va mal.

viernes, 1 de agosto de 2008

trastos

Hay una habitación en casa de mi abuela que siempre está cerrada.
A veces le pregunto a mi abuela qué es lo que hay allí y me responde: trastos.
No sé por qué se lo pregunto si ya sé lo que me va a contestar.
Tampoco sé por qué a veces se oyen ruidos adentro.
Y no sé por qué mi abuela se pone triste cuando me dice que allí hay trastos.
Y tampoco sé por qué mi abuela me tendría que mentir.
Pero no sé por qué creo que el día que abra esa habitación, allí no habrá trastos.

jueves, 31 de julio de 2008

servilletas arrugadas

En el bar de la esquina hay un hombre sentado a la barra.
Al otro lado, el camarero limpia los vasos.
En el suelo, a los pies del hombre sentado, colillas, servilletas arrugadas, serrín.
Entra un hombre corriendo y le dice algo al camarero.
El hombre sentado se vuelve hacia el hombre que acaba de entrar. Lo mira mientras habla.
Entonces, tanto el camarero como el hombre sentado se echan las manos a la cabeza y gritan.
Desde aquí no hemos podido escuchar lo que acaba de decir el hombre que ha entrado en el bar.
Aunque sí los gritos.

 

miércoles, 30 de julio de 2008

circo

De pequeño mi madre me llevó al circo.
Allí había todo lo que podía esperar de un circo un niño de cinco años.
Elefantes, leones, tigres, chimpancés, payasos, trapecistas, bailarinas, el hombre bala.
Pero, sobre todo, allí hubo un mago vestido de negro.
Cogió a un niño de las primeras filas.
El niño reía.
La madre también.
El mago, no.
Lo metió en un ataúd puesto en pie.
El mago de negro dio unas cuantas vueltas alrededor de la caja de madera.
Más tarde abrió la puerta y el niño ya no estaba.
Nunca entendí por qué la gente aplaudió.

martes, 29 de julio de 2008

culpable

¿Sí o no?
¿Sí o no el qué?
Lo que acabo de decir.
Creo que no hablabas conmigo. De hecho, no estabas hablando con nadie porque no estábamos.
¿Qué quieres decir?
Quiero decir que antes de preguntarme sí o no, ni tú ni yo estábamos aquí. Así que has empezado a hablar y hemos aparecido.
¿Quieres decir que soy el culpable de que estemos aquí?
En cierta manera, sí. Aunque no te llamaría culpable, yo me siento bien.
Yo también. Pero sé que no va a durar mucho.
Sí, creo que sólo podemos decir cien palabras.
Es una pena.
Cierto.

lunes, 28 de julio de 2008

foco de atención

Metí a mi hermana pequeña en una caja y la enterré en el jardín.
Cuando llegaron mis padres me preguntaron ¿Dónde está tu hermana? y yo les respondí No lo sé, hace rato que no la veo.
Se asustaron al escuchar mis palabras y empezaron a llamarla gritando su nombre.
Yo también estuve gritando un rato el nombre de mi hermana, hasta que me cansé y me fui a ver la tele.
Luego llamaron a la policía, a los vecinos, a todos nuestros familiares.
Todo el mundo buscaba a mi hermana.
Incluso bajo tierra, seguía siendo el foco de atención.